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Los intérpretes en la UE, fieles mensajeros del discurso

Para que los 27 estados miembros de la Unión Europea lleguen a importantes acuerdos en diferentes materias, existe una primera premisa: que entiendan los mensajes que se envían los unos a los otros. Aquí, entra en acción una figura crucial en el proceso comunicativo y de gran responsabilidad política: el intérprete.

Estos trabajadores se encargan de interpretar cada exposición oral que se realiza en la institución europea, una posibilidad que se lleva a cabo en 23 idiomas diferentes. Instalados en sus cabinas y utilizando una mesa de sonido con apariencia radiofónica, exprimen su intelecto para que el discurso llegue a buen puerto lingüístico.

“El trabajo que hacemos es interpretar, que no traducir, puesto que interpretar es comunicar y trasladar oralmente el mensaje que pueda decir, por ejemplo, un diputado francés hacia el español. No literalmente, sino dándole sentido, contenido y tratando de reflejar la riqueza de cada discurso”, resume Javier Álvarez, Jefe de la Unidad Lingüística Española en el Parlamento y que lleva en Bruselas desde finales de 1985, cuando España formalizó su adhesión a la UE. Su departamento se encarga de dar todos los servicios de interpretación a la institución, ya sea en comisiones, plenos o delegaciones. Cuenta con 22 funcionarios permanentes, aunque también existen alrededor de 180 ‘freelance’, dependiendo de las necesidades lingüísticas.

Con 12 años en Bruselas y desde 2006 en el Parlamento Europeo, María Táboas forma parte del equipo de Javier Álvarez. Inglés, francés, portugués, polaco y gallego (aunque no aparezca en el régimen lingüístico habitual del organismo) son los idiomas con los que trabaja esta viguesa, para quien “la responsabilidad siempre tiene que estar ahí. Digamos que no podemos tener un día malo. Trabajamos en situaciones complicadas, tenemos momentos de estrés en el trabajo porque hay que gestionar mensajes de todo tipo, con oradores rápidos u otros más lentos. Sobre todo, sientes esa responsabilidad si tienes que ‘traducir’ en comisiones o conferencias con temas delicados. Porque tenemos que seguir bien lo que se está diciendo, no podemos meter la pata”, explica Táboas.

Álvarez respalda a Táboas en la dificultad que supone esta labor interpretativa.”Efectivamente, el trabajo del intérprete es de comunicación humana, lingüística y los temas que trata el Parlamento son todos los que afectan a la actualidad. Por ello, en este trabajo tienes que estar muy concentrado, muy pendiente de lo que estás diciendo, con un enorme control sobre tus palabras y con una capacidad bastante grande para estar pendiente de lo que sucede en la sala. Podemos decir que es un trabajo de gran tensión intelectual, porque hay que estar tratando siempre de ponerse en la piel del diputado (son más de 700 con sus particularidades lingüísticas) que interviene”, manifiesta Javier, quien señala el hecho de que la presidencia española en la UE “se nota porque hay más comparencias de ministros españoles en las distintas comisiones”.

UNA ORGANIZACIÓN EXHAUSTIVA

La organización del trabajo responde a un exhaustivo proceso. La Dirección General de Interpretación (SCIC) está dividida en dos direcciones: programación e interpretación. La primera prepara las solicitudes de las reuniones, observa las necesidades lingüísticas existentes, cuántas cabinas de interpretación se utilizarán o qué número de intérpretes se necesitarán. La segunda se compone en unidades lingüísticas de cada lengua de trabajo y aquí se encuadran los intérpretes que se asignan a cada comisión. Álvarez lo explica con gran precisión. A la semana de comisiones le sucede otra dedicada a los grupos políticos, después llegan las sesiones plenarias con el consiguiente traslado a Estrasburgo y finalmente los viajes de las distintas delegaciones parlamentarias por todo el mundo. Así transcurre un mes en el puesto.

Los intérpretes españoles trabajan en todas las comisiones. “No estamos especializados por temas ni en grupos políticos. Se supone que estamos preparados para lidiar con cualquier tema”, advierte Táboas. Su preparación para la sesión correspondiente “depende mucho de las reuniones en las que tengamos que trabajar. Suelo ver en que comisión o grupo político voy a estar, veo el orden del día (tienen disponibles los documentos en una intranet) e intento preparar los documentos de antemano, sobre todo se incluyen aspectos muy técnicos”. Sus jornadas laborales precisan una gran flexibilidad personal porque no hay un horario habitual para el desempeño de esta función.

“LA MAYORÍA DE LOS DISCURSOS SON LIBRES”

En plena acción, dos circunstancias condicionan la dinámica interpretativa de profesionales como María. A través del aparato técnico del que dispone en el habitáculo donde se coloca, selecciona la cabina de interpretación que le ofrece el idioma más adecuado para, posteriormente, transmitir este mensaje al español. Además, todo lo que se comenta en las salas no está redactado en documentos de texto. “A nosotros nos gustaría tener más escritos, porque nos facilitaría más la labor, pero los discursos libres son la tónica general del Parlamento Europeo. Aunque ellos puedan tener las pautas preparadas de su discurso, nosotros no solemos poseer esa información y debemos interpretar sobre la marcha lo que se va diciendo. Esto hace que el reto sea mayor, porque hace falta estar preparado al cien por cien”, razona Táboas.

Al trabajo cotidiano que realiza cada intérprete, se suma el conocimiento adquirido en numerosos asuntos de actualidad, sobre todo en aquellas audiencias públicas especializadas en temáticas concretas. La rapidez y exigencia con la que afrontan cada tarea provoca que las anécdotas, obviando las cuestiones técnicas, desaparezcan. “Trabajando con tantos diputados, oradores y reuniones, en cuanto acaba la sesión vaciamos el disco duro y así preparamos lo que viene después”, señala María.

Quizá sus discos duros no retengan las curiosidades más recientes pero sí la llamativa evolución del ámbito interpretativo en la Unión Europea durante el último cuarto de siglo. “Los que llevamos tiempo aquí hemos asistido a las sucesivas ampliaciones de la UE. Ha pasado de tener 12 miembros, cuando llegaron España y Portugal, a 27. Toda esa sucesión de ampliaciones han llevado consigo un enorme aumento de la interpretación, de las lenguas de trabajo y de aquellas en las que se expresa el Parlamento, la institución europea que más utiliza el multilingüismo. Hay un importante número de reuniones en las que se utilizan los 23 idiomas oficiales, lo cual conlleva una complejidad técnica y una preparación extraordinaria”, expone Javier Álvarez. Sin ellos, los intérpretes, el discurso europeo cae en saco roto. Los fieles mensajeros de la palabra no descansan nunca.

Por Marcos Blanco, www.gentedigital.es


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